Muchos jardines nacen en suelos pobres: terrenos compactados por obras, parcelas abandonadas durante años, zonas áridas donde la lluvia es escasa o espacios donde la capa fértil desapareció hace tiempo. La buena noticia es que un suelo pobre no es un obstáculo definitivo. De hecho, puede convertirse en una oportunidad para crear un jardín resistente, sostenible y sorprendentemente estético si se eligen las plantas adecuadas.
A lo largo de mi carrera he visto jardines espectaculares levantarse sobre suelos que parecían imposibles. La clave está en comprender cómo funcionan estos terrenos, qué plantas prosperan en ellos y cómo diseñar un espacio que aproveche sus características en lugar de luchar contra ellas.
